Ya No Me Reconozco


Santiago, Chile. 1:15am.
Mi compadre Arnold consulto su reloj y propuso que era hora de largarse. Pasadas algo mas de dos horas, unos cuantos litros de cerveza, y una cajetilla y media de cigarros ya no quedaba a quien pelar. La mesera se apresuro en cobrarnos y en el intertanto se oyo la conversacion de unas minas en una mesa contigua,

—¡Nooo! ¡Es que yo no puedo ser escandalosa! —comento una sonriendo con culpa— ¡Me da plancha!
—¡Ah, no! ¡A mi me gusta con escandalo! —interrumpio otra—, ¡Yo me monto encima y de ahi no paro! ¡Ohhh! ¡Siii! ¡Hmmm! ¡Ahhh, que rico! —continuo con una imitacion poco convincente que igual provoco carcajadas en las demas.

Arnoldito arqueo las cejas y yo supe de inmediato lo que estaba pensando, —¡ya estan las choro-loco!—. Salimos del boliche y subimos a la micro frente a la Biblioteca Nacional. Arriba habia con otro grupo de escandalosos el cual crei, erroneamente, que se estaban divirtiendo. Avance por el pasillo y me detuve al lado de una flaca que supuse era parte del grupo porque, segun mi imaginacion, ella reia y agitaba sus manos. A esas alturas mi cuerpo se sostenia a duras penas debido a la ingesta de alcohol y la imperiosa necesidad de dormir, pero cuando la TV comenzaba a apagarseme fui desperado violentamente por el repentino impacto de un puño en mi mejilla. —¿Que huea paso, hueon?— le pregunte al Arnoldito intentando recomponerme, pero su actitud no hizo mas que aumentar mi desconcierto. Mi compipa miraba atonito a la flaca, y no alcance a girar completamente mi cabeza para saber que habia ocurrido cuando me llego el segundo «ganador», justo en el mismo lugar que el anterior. A partir de ahi todo fue imagenes entrecortadas: el Arnold estirando los brazos hacia el cuello de la flaca, la flaca abajo de la micro agarrandose a puñetazos sola contra dos o tres hueones, la micro proseguiendo lentamente su trayecto.

—¡Chucha compariiito! ... ¡Te pusieron dos combos en pleno hocico, chuchetumadre!
—¡Callate cabro reculiao!


La gente tiende a hacer recuentos de sus intrascendentes vidas, y para eso escogen las mas variadas y significativas fechas. Yo, que no quiero ser menos, tambien evaluo el devenir de mi carrera artistica. Pero mi recuento ocurre en Marzo debido a que fue durante este mes, hace siete años, que someti mi entonces apestosa vida a una revolucion total. En menos de 10 dias habia dejado mi trabajo, mi familia, mi casa, mi pais, y mi infructuosa relacion con Manuela. Lo curioso es que, en esta ocasion, en vez de evaluaciones lo que he hecho son comparaciones. Y aqui empieza el lio. Por algun desconocido motivo he querido saber cuanto hay en mi de aquel personaje que fui hasta la noche del 4 de Marzo del 2004, mi ultimo dia en Chile. Y no es que lo extrañe o que este pasando por una crisis de identidad. Al contrario. Yo creo que todo ser humano tiene el deber de progresar sin olvidarse quien es ni mucho menos de donde viene, y hasta ahi he cumplido dignamente mi cometido. Pero hay dias que me pregunto si los amigos que deje me reconoceran el dia que volvamos a vernos.


Oakland, California. 11:40pm.
El bus acababa de detenerse frente a la estacion del tren, y los pasajeros recojiamos el equipaje y decendiamos. Llegado mi turno me detuve a contemplar el paisaje y su fauna. Se veia tan gris, sucio, y oscuro que, sumado al monton negros drogos que mendigaban en aquel lugar, me hacia sentir como en el medio del rodaje de una blaxploitation. Lastima que ni Coffy ni Foxy Brown actuaban en esa pelicula. Era nuestra primera vez en esa ciudad, y comprar los boletos nos dio algo de trabajo puesto que los negros se peleaban por ayudar a cambio de recibir una propina. Superado ese tramite nos dirigimos al anden el cual era todavia mas lugubre, y para seguridad nos acercamos a un grupo de pasajeros que venian en nuestro bus. Lorna se sento en medio de un gringo y una muchacha que tenia facciones entre orientales y polinesicas. Si era bonita o no podria ser discutible, pero su cara llamaba mucho la atencion. Habian mas negros alrededor, y Lorna y yo mirabamos un mapa intentando ubicarnos en esa ciudad. Fue ahi cuando se nos acerco otro negro, aunque a nadie parecio importarle su presencia. El gringo estaba perdido en sus pensamientos, y la polinesica charlaba distendidamente con otra muchacha. Con mi mujer seguiamos debatiendo sobre las rutas del tren, hasta que el negro se dirigio a la polinesica,

—¿Yo' baby, quieres hablar conmigo?

La mina lo ignoro y continuo charlando con su amiga. Lorna y el gringo que estaba a su lado pegaron sus ojos en el, y yo no resisti la tentacion de mirarlo. El hueon espantaba mas que Adebisi, pero estos morenos juran su sola presencia basta para que las mujeres se humedescan hasta formar charcos debajo de sus piernas,

—¿No quieres hablarle a un «niga»? —insistio

La muchacha se puso nerviosa y corto la conversacion con su amiga. Yo, en mi afan justiciero, quise pedirle que dejara de joder toda vez que si se ponia a huevear a mi mujer me veria en la obligacion de interceder, pero mis esfuerzos se vieron automaticamente truncados cuando Lorna me tomo del brazo y me apego hacia ella. El negro saco lo que quedaba de un pito de marihuana y lo encendio, y mientra fumaba y escupia volvio a la carga,

—¿No quieres hablarme? ¿No le vas a hablar a este niga?

La mina agacho la cabeza y solto algunas lagrimas. El negro, por su parte, volvio a encender el pitillo y se alejo. Instantaneamente los que ahi estabamos volvimos a respirar con normalidad. El gringo miro a Lorna y renego con la cabeza apretando los labios, mas yo me sentia impotente. Era uno contra varios, y no hicimos nada. Sin embargo, al rato me puse a contar en cuantas peleas habia participado, y mientras posaba mi mirada en el trigueño rostro de la polinesica me pregunte desde hacia cuanto que me creia Super Sam.


Todo este tiempo fuera de mi pais ha producido cambios que aun siguen sorprendiendome. Yo se que siempre me sentire como un extranjero en cualquier lugar que no sea Chile, pero gran parte de mi coneccion se ha perdido, y el hogar esta muy distante. Es que se parece tan poco al sitio que deje, lo cual debe ser nomal, pero me cuesta reconocerlo. Sobre todo a su gente. Si el paso del tiempo me he puesto todavia mas mañoso, prefiero no pensar en cuanto me tomara readaptarme el dia que regrese.


San Francisco, California. 12:30pm.
Despues de caminar un par de cuadras Lorna y yo encontramos el edificio del Consulado Chileno. En la recepcion aguardaba un grupo de compatriotas de esos que se les yerguen los gluteos cuando viven fuera del pais. Sonrei y les hice un gesto con mi cabeza en señal de saludo, pero estos me miraron de pie a cabeza y no respondieron a mi cortesia. —No te extrañes si estos hueones limpien bandejas en el McDonnald's—, le comente posteriormente a mi mujer. Me acerque a una ventanilla y la funcionaria me identifico inmediatamente,

—¿Tu eris el que viene a renovar el pasaporte, cierto?

Entre a su oficina y le deje mi roñoso pasaporte en su escritorio. La mujer lo reviso y no terminaba de acomodarme frente a un escaner cuando me interrumpio,

—¿Asi que somos parientes, ah? ¡Mira tu!
—Ehhh... [entiendase: no se de que mierda habla]
—¡Lorca! Eris Lorca. Yo tambien soy Lorca. ¿No habemos muchos Lorca, no?
—Hmmm... ¿Quien sabe?...

En ese preciso instante se me vino a la mente la figura de mi abuelo, un viejo con aspecto y actitud de toqui que no tenia por donde asemejarse a ella. Pero a la mujer parecio alegrarsele el dia por tener cerca a alguien con su mismo apellido, y hasta olvido lo petulante que habia sido en nuestras conversaciones previas. Su entuciasmo la hizo entrar en confianza al punto de sacar al desfile a toda esa rama de parientes suyos. —Mi familia es de Osorno— prosiguio, y a mi ya no me importaban ni sus parientes ni los mios. Mas bien seguia encimismado con algo que rondaba en mi cabeza desde la primera vez que hablamos,

—Ya poh. Ahora te voy a dar esta boleta de depisito pa' que vai' al banco a pagar. Me la tenis que tchraer devuelta con el recibo del deposito.
—¿Y como hago para que envien el pasaporte a mi direccion?
—¡Ahh! ¡Na'a poh! Anda al correo y tchraeme un sobre como este, con estapillas y to'o. Pidete un prayoriti meil. Hay una oficina del correo en el subterraneo del Meisis que esta como a tchres cuadras por esta calle...

Aunque sonaba artificial, su diccion me parecia terriblemente peculiar. Tiempo atras yo hablaba con el mismo acento de esa señora, pero ahora lo sentia extraño. —¡Que mierda!— pense. Ahora comprendo porque mis parientes joden con que hablo distinto. Claro. Ya hablo mas pausado y pronuncio la mayor cantidad de letras posibles porque de no ser asi nadie en mi entorno me entenderia. Ademas evito lo mas que puedo mezclar los idiomas, pero igual termine olvidandome de la gramatica española lo cual no deja de avergonzarme.


Pero por mucho que el tiempo haya transcurrido, estaba seguro que todavia conservaba algo importante de mi vida pasada. Llevo años sin fumar y no carreteo con la intensidad de antaño, pero la comida y los copetes chilenos, junto con los asados y los viajes, siguen siendo mis principales vicios. Y si bien sigo oyendo la misma musica que oia de adolescente, mis gustos musicales se han diversificado. Por otra parte, mis convicciones politicas y religiosas son mas firmes que nunca.


Walla Walla, Washington. 4:00pm
Caminaba sonrientemente por los estacionamientos del aeropuerto. Al frente de mi estaban esos interminables campos de trigo que a mediados de verano todavia lucen radiantemente verdes. O talves no se veia tan fabuloso como parecia, pero caminar acompañado de mi mujer y mi madre hacian que el momento fuese idilico. Hacia mas de cuatro años que no veia a mi mama, y de tan solo pensar en la aventura que podria haber sido para ella volar y salir de Chile por primera vez no dejaba de sentirme emocionado,

—¿Y que sentiste cuando subiste al avion? ¡Apuesto a que te cagaste de miedo! ¿Y cuando llegaste al aeropuerto de Miami? ¡Tan grande ese aeropuerto culiao! ¿Y a este aeropuerto tan chiquitito y en medio de la nada? ¿Como te sentiste?
—Nada, poh. Si yo queria ver a mi hijo nomas.


Tuvo que ser mi madre, esa mujer que tanto amo, la que depejaba mi duda. Gracias a ella descubri esa cualidad que se ha mantenido inalterable a traves del tiempo, y de la que al parecer jamas podre escapar. Al fin sabia cual era mi estigma.

6 piensan que...:

Anónimo dijo...

hijito , me hiciste acordarme deltriste dea de marzo te acuerdas que ese dia dormimos juntitos , bueno tu dormias , yo lloraba despacito para que no me escucharas , que noche mas terrible ,como iba apoder dormir si me arrancaban un pedazo del corazon me a costado mucho acostumbrarme a no tenerte a mi lado creo que no voy a poder hacerlo nunca
yo siento que algo me falto y ese algo eres tu , pero se que estas bien , el verte alla me hizo sentir bien te amo mi vida y nisiquiera te imaginas lo orgullosa que me siento de ti

bellota_b dijo...

Quería hablar de nuestra esencia chilena,pero uta' las letras de tu ma' me empañan ñoñamente los lagañosos.



PD:me podí' dar los códigos para enlazar?los tenía en mi correo,pero hotmail me bloqueó toda entrada...quizás por que :D

Claudia Canifru dijo...

¿Y qué puede decir una después de tu mamá? Nada poh.

Que gueno que voló ella a verte, no había contado!

Anónimo dijo...

un saludo para las fieles lectoras del blog de mi hijo bellota y claudia canifru, ya les tengo hasta cariño

Voy y vuelvo dijo...

que chupamedias

Anónimo dijo...

jajaja atrevido . pero igual te amo mi vida