El Festejo

Como dice el viejo y conocido refran, "todo lo que va, viene devuelta," siempre que le reclamo a mi mujer que gasta mucho tiempo en el Fakeboob, ella me responde que yo me la paso pegado leyendo el periodico. Y debo aceptar que tiene razon. Desde que sali de Chile, creo que el diario es lo que mas me hace perder el tiempo. Debe ser sintomatico, pero cuando yo vivia alla me bastaba con ver las noticias de las 9pm. Sin embargo, el estar afuera me ha hecho vivir pendiente de lo que pasa alla. Con mi madre, por ejemplo, nos dedicamos a comentar los chismes, porque yo ya estoy tan al tanto del asunto que ni siquiera tiene que informarmelo.

Y de lo que se puede leer por estos dias, todo es alegria y felicidad en mi pais y, despues de revisar las noticias de los demas paises del cono sur me convenci de lo increible que es que el estado animico de una nacion dependa de veintidos tipos corriendo detras de una pelota. Como me creo cientifico, no dude en buscarle una relacion matematica al asunto, y descubri que el jolgorio y la depresion son funciones de una esfera y tienen una relacion directamente proporcional,

FA(g) - TB(g)=0 <==> FA(g) = TB(g)

donde representa la felicidad, T es la tristeza, A y B son los paises, y g es la cantidad de goles marcados.

No puedo negar que, junto con otros deportes, este me entretiene. Sin embargo, me parece irrisorio todo lo que gira alrededor de la actividad, partiendo por los periodistas que le dan tanta vuelta a las matematicas, las estadisticas, las probabilidades y hasta la poesia. Y que decir de la manera en la que abusan del discurso, sobre todo con palabras que ya han pasado a tener connotaciones distintas a las que la RAE tenia presupuestada. Ahora un hueon hace un gol y tiene que quedar en registrado en los libros de historia, y el futbolista dejo de ser un deportista para convertirse en un gladiador o un guerrero que sostiene batallas en un campo de futbol. Totalmente patetico.

Cuando yo era pendejo, era super fanatico de esta cosa. Esas pichangas de dia Domingo que podian durar facilmente diez horas no las podre olvidar jamas. Incluso durante la enseñanza media, con mis compañeros saliamos a jugar en el pasillo de mi sala de clases que quedaba en el tercer piso, y las pelotas las haciamos con hojas de cuaderno envueltas en scotch. La tradicional arenga del inspector Bigote, "tienen la sala hedionda a poto y a hueas!" no lograba aminorar nuestro espiritu.  Pero fueron mis propios compañeros de curso los que propiciaron cierto desencanto con el deporte. El papa de uno de ellos era arbitro de Primera Division, y este hueon se sabia los resultados de los partidos de la U de Chile antes que los jugaran. Aparte que me terminaron saturando cuando cache que no tenian nada mas de que hablar. Mi fastidio aumento cuando me converti en un empleado del honesto gobierno de Eduardo Frei. No habia tema que los tios con los que trabajaba no lo relacionaran con pelota, y al poco tiempo ya me tenian reventado. Por suerte, un dia aparecio una compañera que me abrio los ojos —en todo el sentido de la palabra— y me conto la verdad acerca de esta clase de personajes a la que ella solia llamar "hueones basicos" porque de lo unico que pueden hablar es de deportes, politica, y sexo. La mina era bien fanatica del futbol, pero tambien tenia otras cosas de las que  hablar, asi que yo limite a conversar sobre balonpie solamente con ella.

Eventualmente, yo me di cuenta tarde que no solo el futbol seria un problema con el cual lidiar. Como tengo tan buena suerte para todo, esto de los festejos tampoco es lo mio. La primera y ultima vez que se me ocurrio salir a celebrar un triunfo deportivo fue el 5 de Junio de 1991. Esa noche yo me encontraba en casa de una tia que vive en La Pintana, y luego de ver en la TV que estaba quedando la zorra en las calles, con una de mis primas decidimos unirnos a la algarabia. A esa hora ya no habian micros, asi que nos pegamos a unos hueones que iban en marcha gritando y cantando. Nos tomo cerca de una hora llegar hasta el Paradero 25 de Gran Avenida, y de ahi a hacer dedo. Si mal no recuerdo, quien se ofrecio darnos pon era un señor que venia con su esposa y su bebe en el auto. El hombre se notaba preocupado por nosotros y nos llevo hasta el Metro Parque O'higgins. De ahi nos llevo otro tipo que venia del estadio. Ya habian pasado mas de 2 horas desde que salimos de la casa, y este hueon nos conto que les dio cosa vernos tan pendejos —yo tenia 14 años— haciendo dedo a esa hora de la madrugada. Pero a mi que me iba a importar si esa noche ha sido la celebracion mas linda que yo recuerdo, no por el equipo o el resultado, sino porque me daba una alegria enorme ver tanto hueon feliz en la calle, cantando y abrazandose como si fuera Año Nuevo. Nos bajamos en Alameda con las Rejas y caminamos hasta 5 de Abril. Desde ahi seguimos hasta la casa de otra tia que vive en Maipu. En aproximadamente 4 horas cruzamos Santiago, y ya estaba tan cansado que me puse a dormir.

Al dia siguiente me lleve la gran sorpresa. Mi tia llego a despertarme y lo primero que vi fue el rostro serio de mi padre. En ese mismo instante supe que me habia metido en el medio forrito, no porque mi papa fuera a golpearme, sino porque mi madre si lo haria. De camino a casa, conversamos sobre lo ocurrido la noche anterior. Yo ni repare en que habia cruzado a pata la Villa Francia a las 3am. Por su parte, mi papa me conto que el festejo dejo un monton de muertos, que me buscaron por todos lados, e incluso llamaron a la morgue preguntando por mi —cosa que nunca pude confirmar. Me baje de la micro rogando que mi mama estuviera sedada o algo parecido, pero como siempre ocurre en estas situaciones, fue la primera en salir a recibirme. "Aqui me llego la del ocho," me dije resignado, y cuando preparaba mi rostro para que recibiera el primer aletazo, mi vieja me abrazo llorando y me pidio que nunca mas le hiciera semejante cosa.

Ya mas viejo analizo esa experiencia y, aunque todavia me cago de la risa recordandolo, tambien puedo entender el susto que le di a mis papas. Con el tiempo aprendi que lo mejor era quedarse en casa celebrando con mesura, y fue un Colombiano quien me enseño que la mejor manera de festinar era dejando un cordial saludo en el celular. De principio yo no entendi mucho y le pedi que me aclarara en que consistia la tecnica, y a pesar de notar que por culpa de su suegro Argentino —que lo tenia terriblemente mal asesorado— él estaba pasando por un pesimo momento, el tiempo termino dandole la razon. La tecnica de dejar saludos cordiales en el telefono es la que mas me he gozado. Afortunadamente mi amigo se repuso de ese lapsus, y al cabo de unos meses nos volvimos a encontrar. Durante alguna de nuestras variadas charlas me confeso que ya no le interesaba el futbol, y me alegro bastante por él porque me imagino que asi no se enterara de lo que ha ocurrido ultimamente. Por otra parte, me sigue pareciendo absurdo eso de andar endiosando a hueones a los que se les paga por rendir. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi alegria por los 17 millones de hueones que nacieron en el mismo pais donde yo naci, y que deben andar mas felices que la xuxa por estos dias.